A
la ingestión de heces se le llama coprofagia, y pueden ser
las del propio animal o de otros animales, inclusive las de otra
especie.
La coprofagia es común en caninos, pero rara en felinos.
No se considera anormal el consumo de materia fecal si se efectúa
como consecuencia de la higiene personal o de sus crías.
La única circunstancia donde esta conducta se considera normal
es cuando la madre ingiere las heces de sus cachorros desde su nacimiento
hasta como las 3 semanas de vida. Se piensa que tal actitud está
dada para mantener la limpieza del nido hasta que los cachorros
sean capaces de alejarse para defecar (un lugar limpio puede resultar
menos atractivo para los predadores en la naturaleza). De todas
formas la mayoría de las perras dejan de limpiar a sus cachorros
cuando inician la alimentación
sólida. Los cachorros pueden comer heces como aprendizaje
alimenticio. Quizás contribuya a establecer su flora intestinal.
También se puede considerar un comportamiento natural, aunque
no normal, en los perros que consumen heces de ungulados (animales
con 2 dedos, como las vacas, ovejas y/o cerdos) que contienen grandes
cantidades de nutrientes remanentes de la fermentación del
intestino grueso. La ingesta de materia fecal de otras especies
puede atribuirse a que lo no digerido por un organismo puede ser
útil a otros. Los perros también suelen ingerir las
heces de los gatos con quienes comparten el mismo hogar. El sentido
del gusto de los perros no debe indicarles mucho desagrado ya que
en caso contrario no podrían cumplir estas funciones necesarias.
Etiología
a) Causas físicas:
La creencia popular postula que, en algunos animales, la coprofagia
puede ser causada por deficiencias dietéticas, pero hay
escasa información para sustentar esta teoría.
Insuficiencia pancreática exocrina, hiperadrenocorticismo,
administración de glucocorticoides exógenos, trastorno
del metabolismo intestinal, parasitismo intestinal, diabetes mellitus,
hipertiroidismo.
Por insuficiencia digestiva, una parte importante de los nutrientes
se eliminan por las heces, sin asimilarse.
Sus aromas, apariencia y sabores pueden inducir a una reingesta,
ya que además el animal afectado está hambriento.
Debemos destacar en especial a la Atrofia Pancreática
Juvenil. De oscura etiología aunque atribuida a factores
genéticos. Frecuente en ciertas líneas de Pastor
Alemán.
Los animales afectados son muy delgados, aunque voraces. Nunca
engordan. Presentan materia fecal poco formada, blanda con esteatorrea
(presencia de grasa) y maloliente.
Se manifiesta dentro del primer año de vida, aunque excepcionalmente
se oculta hasta el segundo o tercer año.
Hay que diferenciarla de la secuela de Pancreatitis crónica.
En esta hay destrucción de tejido glandular, luego de varios
ataques agudos.
Presentan diarrea o muy poca consistencia, con gran cantidad
de grasa y otros nutrientes, en la historia se registran sucesivos
síntomas gastrointestinales. Puede derivar en Diabetes
Mellitus.
El tratamiento de estas dos afecciones es mediante la adición
de enzimas digestivas, con mayor éxito en la primera.
Pueden adicionarse vitaminas y minerales, aunque no se corrige
la patología original.
b)
Causas psíquicas:
Se presenta frecuentemente en animales aburridos, especialmente
en los que viven solos y confinados en sectores pequeños
y sucios.
Es posible que al no poder alejarse de los excrementos, los
haga desaparecer de la única forma que puede.
Por imitación un coprofago puede inducir a otros que
con él convivan.
Algunos animales quizá recurran a esta desagradable costumbre
como forma de atraer la atención.
El desagrado causado en sus propietarios acarrea castigo, alejamiento
o su eliminación física.
Tratamiento:
Mejorar las condiciones de vida en cuanto a la higiene del
lugar, extensión, ejercicio y distracciones que puede ser
otro perro joven y juguetón. Y ademas demostrarle un poco
mas de cariño.
Otro método es sancionar cada falta. El castigo debe
ser inmediato o pierde eficacia, ya que puede asociarse a otro
hecho. Pueden preferirse exclamaciones de desagrado o las ordenes
de desaprobación que se hubieran inculcado. Simultáneamente
dar tirones del collar o piel de la nuca. En caninos poco sensibles
(psíquica y físicamente) pueden necesitar un golpe
con la palma de la mano. No demorarse buscando un elemento de
castigo como diario o revista. Es subestimar la inteligencia del
perro creer que no discierne que la mano puede castigar o acariciar.
¿Acaso la boca de él no cumple con ambas funciones?
A veces, cuando, por ejemplo, la coprofagia la realiza en casa
es efectivo el uso de la aplicación de un producto picante
(tabasco, ajo) sobre las heces o incluso de sabor amargo que a
veces es muy efectivo. Existen también ciertas sustancias
que pueden alterar o modificar la motivación de nuestra
mascota pero que deben ser prescritas por vuestro veterinario,
ya que este tipo de sustancias pueden producir algún efecto
secundario a nivel
gastrointestinal, pero que a veces tiene su efecto en diez-quince
días.
Puede crearse aversión a la materia fecal haciéndola
desagradable al gusto, por ejemplo rociándola o espolvoreándola
con picantes. También con sustancias que causen malestar
físico como sustancias que inducen a vomitar. Es frecuente
que muchos solo comen materia fecal recién depuesta, no
dando tiempo a acondicionarla. Introducir forzadamente en la boca
en varias ocasiones las drogas elegidas induciendo la aversión.
Luego se aplica en toda materia fecal que no se recoja. Desafortunadamente
como los castigos llegan a destiempo, o no es posible el control
constante, puede afianzarse el comportamiento anómalo.
Un procedimiento combinado se experimentó con un zoofarmaco.
Se basa en resaltar los sabores de los alimentos haciéndolos
más apetecibles, contribuir a la mejor digestión
y darle muy mal sabor a las deposiciones. Consta de Glutamato
sódico, Pancreatina, Tripsina, Quimiotripsina y excipiente.
Se espolvorean las comidas como si se salara. Algunos casos reacios
pueden exigir incremento en la dosis o su empleo permanente prolongado.
Si conviven varios animales medicar a todos. Inclusive si se trata
e un perro que come heces del gato de la casa. En los inapetentes,
por diversas etiologías, puede mejorarlos al exacerbar
los sabores de la comida.
La coprofagia conductual puede ser tratada de distintas formas.
La eliminación de las heces probablemente sea la solución
más confiable. Un método es hacer caminar al perro
con una cadena de modo que pueda ser alejado de las deposiciones
en forma inmediata. En el momento de la defecación el propietario
también puede dar al animal una recompensa alimenticia
de modo que se lo condicione a la espera de alimento (premio)
después de defecar, en lugar de buscar heces.
El
tratamiento depende de si el problema es simplemente conductual
o un síntoma de un problema médico. Es muy importante
una completa historia del asunto (anamnesis), en especial del ambiente
y alimentación del perro.
Si el exámen físico muestra evidencia de enfermedad,
se requieren estudios diagnósticos adicionales (pruebas de
laboratorio).
En el caso del perro que ingiere deposiciones felinas, la bandeja
sanitaria debe ser higienizada a diario y cubierta o ser colocada
en lugares inaccesibles para el perro.
Las medicaciones sólo deben prescribirse para tratar la
coprofagia relacionada con una condición médica subyacente
y debe ser seleccionada en forma específica para tratar tal
problema.
¿Sabías que...
... un perro de asistencia es un animal que convive con discapacitados haciendo su vida más fácil al ayudarle en muchas tareas domésticas cotidianas como abrir puertas, recoger cosas, guiarlo, tirar de su silla de ruedas y muchísimas cosas más?