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Perros en las azoteas... ¿Para qué?

Por: Ing. Gabriela Nieva Paredes.   [CÓMO CONTACTARLA]

Esta historia comienza desde hace mucho tiempo:

"Se acercó reptando y arrastrándose hacia el fuego... Por fin, yació a los pies de su amo, a cuyo dominio se rendía VOLUNTARIAMENTE en cuerpo y alma. Por PROPIA ELECCIÓN había vuelto a sentarse junto al fuego del hombre para ser dominado por él." - Jack London. "White Fang", 1905.

Y así inició esta historia, ese "romance" entre lo que antes era un lobo o un perro salvaje, y el hombre. El lobo se rindió voluntariamente para compartir el fuego y el alimento con el hombre. A cambio, el hombre recibiría muchos beneficios. Un servicio de protección ilimitada, (sin horarios ni sindicatos), una lealtad extraordinaria, un medio de transporte ágil, fuerte y robusto, un apoyo para la cacería, etc.

Y todo esto funcionó bastante bien. Con perros, el hombre conquistó el Polo Sur. Con perros, el hombre transportó medicamentos para salvar a los suyos en Alaska. ¡Hasta incluso con un perro, comenzó la conquista del espacio!

Entonces, ¿qué pasó? Parecen lejos los días en que un perro era una posesión valiosa. En que un perro podría ser un apoyo, una herramienta de trabajo, la diferencia entre la vida o la muerte. La vida sedentaria del hombre ha hecho que también cambie la función del perro junto al hombre. Y esta función, desgraciadamente, cambia también dependiendo del estrato social del amo.

Ahora, un perro puede ser un trofeo valioso, un ejemplar de exposición, una fábrica de cachorros, esa cosa estorbosa que ladra en la azotea, o una cosa peluda que pasa hambre al igual que sus amos. ¿En qué hemos convertido al perro? ¿Es aún un compañero de nuestras vidas? Eso me lo pregunto mientras paseo con mi perro, y veo como sus compañeros caninos le ladran desde las alturas. "No te preocupes", le digo al mío, "Te tienen envidia". Siempre he dicho eso en broma. Pero ahora que reflexiono, creo que así es.

El perro se rindió voluntariamente al hombre en cuerpo y alma. El sólo hecho de estar junto a su amo, es ya una de sus conductas más valiosas. El perro, al ser un animal de manada, necesita estar con los suyos. Y nosotros, al haberlo separado de su ambiente natural, lo hemos dejado sin manada.

Los perros se han adaptado muy bien a este cambio, y han aceptado a su nueva "manada". Su nueva "familia" ya no son otros como él. Ahora su "familia" es su amo, y la familia de su amo.

¿Pueden imaginarse lo que estos pobres animales pueden sentir, al ver que su familia los confina a una minúscula y peligrosa área, sin alimento ni agua, y lo más importante, sin sus amos? Lo he comprobado, y aun cuando muchos científicos dudan de la inteligencia del perro, que el perro se hace más inteligente mientras más conviva con los humanos. Se adapta a su forma de vida, a sus costumbres, a sus gustos.

No sé como, pero mi perro sabe que si es sábado, debe dormir hasta tarde, y si es lunes, debe despertarse temprano. Sabe los días de la semana, cuando se acercan las vacaciones, los días festivos, etc.

Mi estimado lector, no pretendo hacer más grande esta colaboración, ni cansarte con mis comentarios. Simplemente retomo el título de este ensayo. Perros en las azoteas, ¿para qué? ¿Para que tenerlos, si no van a poder convivir con su familia humana?

Por: Ing. Gabriela Nieva Paredes.   [CÓMO CONTACTARLA]

 
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