"Se acercó reptando y arrastrándose hacia
el fuego... Por fin, yació a los pies de su amo, a cuyo dominio
se rendía VOLUNTARIAMENTE en cuerpo y alma. Por PROPIA ELECCIÓN
había vuelto a sentarse junto al fuego del hombre para ser
dominado por él." - Jack London. "White Fang",
1905.
Y así inició esta historia, ese "romance"
entre lo que antes era un lobo o un perro salvaje, y el hombre.
El lobo se rindió voluntariamente para compartir el fuego
y el alimento con el hombre. A cambio, el hombre recibiría
muchos beneficios. Un servicio de protección ilimitada, (sin
horarios ni sindicatos), una lealtad extraordinaria, un medio de
transporte ágil, fuerte y robusto, un apoyo para la cacería,
etc.
Y todo esto funcionó bastante bien. Con perros, el hombre
conquistó el Polo Sur. Con perros, el hombre transportó
medicamentos para salvar a los suyos en Alaska. ¡Hasta incluso
con un perro, comenzó la conquista del espacio!
Entonces, ¿qué pasó? Parecen lejos los días
en que un perro era una posesión valiosa. En que un perro
podría ser un apoyo, una herramienta de trabajo, la diferencia
entre la vida o la muerte. La vida sedentaria del hombre ha hecho
que también cambie la función del perro junto al hombre.
Y esta función, desgraciadamente, cambia también dependiendo
del estrato social del amo.
Ahora, un perro puede ser un trofeo valioso, un ejemplar de exposición,
una fábrica de cachorros, esa cosa estorbosa que ladra en
la azotea, o una cosa peluda que pasa hambre al igual que sus amos.
¿En qué hemos convertido al perro? ¿Es aún
un compañero de nuestras vidas? Eso me lo pregunto mientras
paseo con mi perro, y veo como sus compañeros caninos le
ladran desde las alturas. "No te preocupes", le digo al
mío, "Te tienen envidia". Siempre he dicho eso
en broma. Pero ahora que reflexiono, creo que así es.
El perro se rindió voluntariamente al hombre en cuerpo y
alma. El sólo hecho de estar junto a su amo, es ya una de
sus conductas más valiosas. El perro, al ser un animal de
manada, necesita estar con los suyos. Y nosotros, al haberlo separado
de su ambiente natural, lo hemos dejado sin manada.
Los perros se han adaptado muy bien a este cambio, y han aceptado
a su nueva "manada". Su nueva "familia" ya no
son otros como él. Ahora su "familia" es su amo,
y la familia de su amo.
¿Pueden imaginarse lo que estos pobres animales pueden sentir,
al ver que su familia los confina a una minúscula y peligrosa
área, sin alimento ni agua, y lo más importante, sin
sus amos? Lo he comprobado, y aun cuando muchos científicos
dudan de la inteligencia del perro, que el perro se hace más
inteligente mientras más conviva con los humanos. Se adapta
a su forma de vida, a sus costumbres, a sus gustos.
No sé como, pero mi perro sabe que si es sábado,
debe dormir hasta tarde, y si es lunes, debe despertarse temprano.
Sabe los días de la semana, cuando se acercan las vacaciones,
los días festivos, etc.
Mi estimado lector, no pretendo hacer más grande esta colaboración,
ni cansarte con mis comentarios. Simplemente retomo el título
de este ensayo. Perros en las azoteas, ¿para qué?
¿Para que tenerlos, si no van a poder convivir con su familia
humana?
... la perra durante la lactancia produce unos 10 gr. de leche por kilogramo de peso al día, lo que supone más del doble d elo que produce una vaca que escasamente llega a los 5 gr. por Kg de peso al día?
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